Reflexionando sobre el capítulo II de Pedagogía del Oprimido de Paulo Freire

b104468e1ec0399862e31d373e4dc760Es increíble que, a pesar de los años que han pasado desde la fecha en la que el autor publicó este libro (1968), la visión que este aporta sobre la educación sigue siendo, a mi parecer, la realidad que existe en nuestros días.

La “educación bancaria”, como así la denomina Freire, basada en la narración de contenidos que se encuentran desvinculados de la realidad es exactamente lo que ha sido y sigue siendo mi educación en la mayoría de las materias. Las clases se ciñen a que el profesor (educador) narre un contenido y el alumno (educando) sea un mero oyente del mismo, convirtiéndose así en un sujeto paciente.

Generalmente los profesores se preocupan más de que les dé tiempo de dar el temario de su asignatura antes de que acabe el periodo de impartición de la misma que de que sus alumnos asimilen y comprendan los contenidos. De ahí lo que explica el autor de que la educación acaba siendo un acto de depositar, siendo el educador el que deposita el contenido en los educandos quienes son los depósitos. Considerando que el educador será mejor en la medida que deposite mayor cantidad de contenidos en sus educandos.

Al final estos contenidos, como apunta Freire, tienden a petrificarse o a transformarse en algo inerte. Desde mi propia experiencia, la mayoría de los contenidos que he aprendido en la escuela ya no los recuerdo. El sistema de evaluación que comparten la mayoría de profesores es el gran culpable de ello, no evalúan el progreso sino el final (normalmente con un examen). Como consecuencia los alumnos nos dedicamos a memorizar contenidos que a veces ni entendemos para conseguir superar la prueba. Una prueba que en casi todas las ocasiones no demuestra lo que realmente sabemos.

Freire considera a este tipo de educación, una educación opresora pues el profesor siempre es el que sabe y el alumno el ignorante. Esta rechaza la búsqueda del conocimiento, lo que conlleva a la creación de personas sin pensamiento crítico, que no se preguntan ni investigan acerca del mundo que les rodea. Lo que ocurre es que la ignorancia debilita al ser humano, otorgándole mayor poder al opresor. En este símil que el autor hace del profesor como opresor y los alumnos los oprimidos considero que lleva la situación al extremo. Bien es cierto que hoy en día aún existen lugares en el mundo en los que esto es una realidad, sin embargo, creo que en nuestro país no ocurre lo mismo. Estoy de acuerdo en que los métodos no son los adecuados y que pueden llevar consigo a formar personas sin pensamiento crítico, no obstante, pienso que la mayoría de los profesores no son conscientes de ello pues su finalidad no es crear personas ignorantes.

Frente a la “educación bancaria” el autor expone la educación liberadora o problematizadora, cuya principal diferencia es que la primera establece una contradicción entre educador-educandos, y la segunda supera dicha contradicción. Es decir, en la educación liberadora existe el diálogo entre el educador y los educandos. La comunicación hace que el alumno participe en la construcción de su propio conocimiento y que tanto el profesor como los alumnos sean simultáneamente educadores y educandos. A mi parecer, la práctica que se lleva a cabo en la educación liberadora es comparable a una metodología que he conocido recientemente, la del Aprendizaje Basado en Proyectos. Dicha metodología comienza con el planteamiento por parte del profesor de un problema cercano a la realidad de los alumnos, que posteriormente deberán resolver a través de la investigación y la experimentación. El papel del educador es de guía del proceso y no narrador de contenidos. Así, es como él no solo enseña a sus alumnos sino que aprende con y de ellos, al igual que los alumnos a través de sus investigaciones aprenden y enseñan.

En definitiva, considero que este capítulo debería ser leído por todo educador que todavía utiliza métodos de enseñanza tradicionales para impartir sus clases, donde el alumno no participa, solo escucha, memoriza y repite como si los contenidos fueran algo abstracto que no tienen nada que ver con el mundo en el que vive. Pues la educación, como bien expone Freire deber servir para la construcción de un conocimiento que nos permita transformar el mundo.

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